
Los bailarines, a quienes nos apasiona bailar, besamos el alma con movimientos.
Nosotros existimos en un lugar eterno y sin nombre donde bailamos, respiramos y nos entregamos totalmente al placer del movimiento; a veces acompañados de hermosas melodías que reviven en nuestro cuerpo o solamente en el espíritu propio rebosante de energía. Libertad pura.
Pero como todo ser, debemos regresar al plano de la Tierra, el lugar mortal en el que nos llamamos humanos, aquel en el que quedamos hechizados por las pócimas del pensamiento que están en el estante de la Restricción del Ser y que nos convierten en tímidos resguardando nuestro cuerpo, cuidando nuestras palabras, pues ya no son danzas, y alejando nuestros labios coloridos que buscan a los Libres de Alma y a aquellos valientes que quieren serlo.
Entonces, cuando aquellos se encuentran a los otros, vivos y reales, los bailarines nos permitimos respirar con libertad terrenal.
Así, ha llegado la hora de compartirnos. Compartir nuestro cuerpo con alguien más, los labios son cuerpo, carne sensible.
Celosa y feliz, la ofuscación guarda este momento para inspirarse.
Respiraciones, saliva y un atisbo de excitación; cuerpo colmado de nervios hasta el temblor y la sudoración.
Miradas avergonzadas y mejillas rojizas.
Ahora tenemos a quién besar.
Alma en movimiento, ya no serás la única en ser besada, empero algún día podrás permanecer con otra alma, y besarse y bailar.
Y besarse y respirar… y besarse y amar.
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