Bájate un libro

02 Dic: Las flores del mall

Las jóvenes diosas, nocturnas
apariciones (ropa oscura,
plata quemando sus ombligos)
en la cadencia de la pista,
comenzarán a despintarse
con la premura de los años,
los problemas, quizá los hijos
que no tienen aún. Ahora
miran tus ojos con un claro
desprecio (ya tienes cuarenta)
y piensas en ciertas palabras
de Baudelaire que les darías
como si fueran frutas tuyas
(si al menos se acercaran), si
supieran quién es el poeta.
Pero ellas danzan, te rodean
sin importarles lo que callas.
Envejeciendo solas, brincan
sobre tus textos (tan perpetuas
y frágiles), deidades nuevas,
ellas, que bailan retiradas
de tu florero de Lladró.

02 Dic: Entre paréntesis

En la luz que custodia secretas alegrías
del tiempo de los niños. Debajo de los últimos
frontispicios de Baalbek o Menorca. En la brisa
de un balcón entreabierto a la fresca inocencia
de la yedra o el círculo virtuoso de una fuente.
Olvidados de sí, del mundo aparte, acaso
con unas cuantas páginas de sílabas en llamas
que agiten su ebriedad igual que un himno. Al sur
o al norte, en algún mapa jamás desenterrado
de las ruinas cubiertas de azules frisos griegos.
La cerveza bruñida contra el calor, desnudos
como yemas del árbol que crece en las laderas
del júbilo. En abril o en verano, sin más
porvenir que no sea la piel de un día encendido
con pájaros. A orillas de un beso. En otra tierra.
En otra vida. Todos quisiéramos estar
en un lugar distinto, distante, sin vestigios
ni agónicas memorias de la melancolía
o el tedio que destila con odio su ponzoña.

02 Dic: Saint-Michel

En la niebla

vestigios de luz,

reductos de barandas,

el seco relámpago de un árbol.

Esparce el invierno sus cenizas

y en la sombra naufragan

quienes buscan ríos de infancia

y lejanías.

Un tren regresa o parte,

inventa un túnel,

se interna en laberintos.

La transparencia de tus ojos

permanece.

18 Nov: Maneras de fijar tu sombra, I

Cuando te conocí llamabas a las cosas

con el idioma hallado en los rincones de tu infancia,

donde silencioso añorabas la tibieza prenatal

de la que habías tardado en salir.

Tu madre me dijo que allí te hiciste

la primera grieta

por donde la oquedad te invadiría.

Pero la tarde en que te descubrí

decías las palabras como el viento

forma y deforma las nubes del verano.

Mirabas las piedras como si en ellas

anidaran los verbos que nos harían falta

para comenzar los días por venir;

aprendías de la lluvia insólitos caminos

que marcaban nuestra ruta por las calles.

a tu lado, las botellas rotas fueron esquirlas de la noche,

y la noche, un lienzo para plasmar nuestros espantos,

y tú no eras tú, sino los rayos del sol en mis cabellos,

y al amor no lo nombramos con la boca,

sino con los ojos, con la yema de los dedos,

con nuestra humedad sombría.

18 Nov: XVIII

Eran pocas palabras, pero daban luz;

me mirabas como si no existieran los finales

o la muerte no tuviera poder sobre nosotros.

Lo que amé en medio de tus ojos

fue tu sombra deslumbrando a la mía,

su altura encima se enmaraña hasta perderse.

Siembran de madrugada aquí cerca,

escuchamos el paso de sus charcos,

cuando una moneda a mitad de la noche cae en sol.

11 Nov: Un acto de fe (autorretrato)

Dicen los textos sagrados

todos los textos

que tener fe

es creer lo que no vemos.

Y yo −qué suerte la mía−

que siempre fui tan racional

tan analítico.

Yo, tan hijo de Santo Tomás.

Yo, en fin, que soy descendiente

de Copérnico, Galileo, newton y Descartes.

Yo, en fin, que he practicado sin desmayo

el principio de “ver para creer”

apenas ahora −después de tantas cosas−

he venido a entender

que es verdad que tú me quieres.

Porque fe

es creer lo que no vemos.

11 Nov: Enseñanza, I

Mi padre era un hombre sabio

me enseñaba cosas para no olvidar:

quiere y respeta a tu madre, me decía.

A las mujeres

−recuerda que tu madre es tu madre

no una mujer−

a las mujeres, decía

respétalas también, por igual.

Después, ya mayor, resolverás

si las amas también, por igual.

04 Nov: Algo suave

Después de siete días o de treinta

o de cuarenta

–ya no sé–

quiero algo suave.

Puede ser la brisa,

ya que no un abrazo.

Algo despojado de ferocidad,

de cifras de muertos o infectados.

Lejos de los sets de la Tv

con sus profetas de catástrofes.

Algo bueno, algo leve,

sin prohibiciones.

A menos que puedan

prohibir el desamparo.

Algo humano,

algo risa, algo niño

en las calles y en las plazas.

28 Oct: Meditación de la vaca

Mírenlos

la vida más extensa

no les alcanzaría para quejarse.

Van de prisa

violentos y risibles.

Si hablan es pera romper espejos

con sus gritos

si callan es

para tomar un poco de aire

y destruirse mejor.

Quién los entiende

disparan directo a la cabeza

al corazón de otros

a sí mismos.

Con cuanta envidia ven

lo fresco de este prado

en que mi hambre acaba.