
La luna avanza lentamente, me di cuenta la tercera noche que pasé en el cielo. Hay un arcoíris pintado en el oeste cuando el sol se mete y, con suerte, puedo ver al norte algunas auroras boreales difuminadas.
En la tierra leí un artículo sobre los cúmulos y demás nubes, decía que su origen se debía a los pedazos de hielo por el aire frío, una combinación de agua en el caso de las nubes medias, solamente agua para las bajas y, para aquellas en las que yo me encuentro, la imaginación es aliada.
Los cúmulos no son sólidos, pero cuando uno flota en este paraíso blanco, recorre una dimensión basada en cada uno de los sueños que se estancaron antes de poder cumplirse, permitiendo entonces la solidificación. No sé si hay vecinos en otras nubes o se trata solo de mi presencia y la de los animales de fantasía que he ido encontrando. Es curioso, cuando formaba parte de la tierra jamás pensé que lograría ver ballenas pasando por encima de mi cabeza, o delfines surcando cirrostratos, hermosos alces de color morado y sirenas asomadas al borde de mi nube. Algunas veces veo planetas, me parece que fue en un sueño en el que caminé por uno de los anillos de Saturno, visité Marte y bebí té usando de mesa alguna estrella.
Estar aquí es casi idéntico a la vez que escalé una montaña, sin embargo, de la montaña pude bajar apenas sentí la falta de oxígeno y no levité de regreso; de aquí alguna noche intenté aventarme, pero caí en las alas de una enorme ave rosada. Me trajo de vuelta y después emprendió el vuelo hacia el amanecer. No intenté bajar otra vez, solo opté por recostarme boca arriba para perder el vértigo que me atormentaba por estar a demasiada altura.
Es interesante recorrer este algodón y no, no estoy sola, la flora y la fauna me acompañan. Puedo brincar de nube a nube y puedo tocar el océano en el cielo.
El cúmulo es mi nuevo hogar porque mi corazón se quedó detenido entre los minutos de la hora terrenal. Carezco de calendarios, por lo que carezco del terrible dolor que conlleva que pase el tiempo. Hay días donde no sé que ya lo es y hay noches que no lo parecen gracias a la luz lunar. Sigo recordando el porqué de estar aquí y pienso en que no debí convertirme en una suave pluma que un día se fue volando. Sin embargo, se dice que todos los sueños que no pueden cumplirse allá abajo vuelan hasta aquí y se estancan para vivir de su propia ilusión. Si me hubiese quedado, nada de esto me estaría pasando. Aquí mis sueños sí pueden vivir. Los he encontrado todos, las sirenas, las ballenas, los planetas y hasta la paz que allá abajo jamás pude sentir. Además, ¿no es mi nube la más esponjosa que hay?
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