
Mientras esos ojos verdes brillaban
jugaba con su cabello rizado
sin saber que estaba siendo observado
por ojos que igualmente la acosaban.
Entre tanto, los ojos sospechaban
pues bajo el lecho algo estaban sintiendo,
y eso no eran los peluches durmiendo,
sino otros ojos que visualizaban.
Queriendo tomar de la bella dama
el alma que los ojazos tenían,
rascando las dos patas de su cama.
Estremeciéndose sin la tardanza,
los grandes ojos claros llorarían
cuando vio al gran ser de pie con dureza.
10
¡Me encantó!