
En medio del verano, en una noche gris,
al borde de la locura ese humo de la muerte
se levanta y me susurra: ¿Cuánto has querido?
¿Cuánto has esperado? ¿Cuánto has soñado?
Los muertos ríen
y su pesadez en la vida abriga
ese deseo por conocerte
«¿Quién eres?»
Así un día en mi vida,
conozco el nombre de una mujer.
Cierro los ojos y esos delgados dedos tuyos
tocan mi corazón.
Una sensación de amargura
se desliza por mi garganta.
Jugamos a ser dos desconocidos,
nos escribimos y cada mensaje
oculta una verdad:
uno tras otro
se vuelven cartas de amor.
Los enamorados se miran,
confundidos por sus emociones,
los sentimientos se encuentran
y luchan ferozmente por vivir.
Se comen unos a otros
y así el amor perdura.
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