
Con una flor en el pelo
que me perfume los pasos
y una alfombra terciopelo
que me proteja los pies,
cruzaré de lo lejano,
de la tierra de la miel,
para volver a tu lado y
darte todo mi querer.
Mientras que tu voz me llame
a este mundo de papel,
y hasta el día en que me reclame
la añoranza de tu fe,
me verás en el oleaje
que trae el atardecer
para consolar tu llanto
y abrazarte otra vez.
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