
Agarraron el periódico y vieron las primeras planas anonadados. Nada de eso debería estar pasando. La guerra había cesado. Las economías se estabilizaron. Las empresas aceptaron la idea de utilizar métodos más ecológicos para sus producciones. La gente cuidaba de los animales. Los políticos corruptos renunciaron. Se trabajaba por eliminar la hambruna. Las farmacéuticas dejaron a un lado sus negocios y donaron miles de vacunas. Las personas leían libros. Los asesinatos pararon.
Por alguna razón, los humanos dejaron de pedirle soluciones a los cielos y pusieron sus manos a la obra para ayudarse unos a otros. Los dioses estaban felices. En su interior, sabían que pronto dejarían de ser necesarios.
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