
En una cita, alguien me dice que su película favorita es Días de otoño y de nuevo me encuentro platicando frente a ti sobre B. Traven. Tu mirada se ilumina mientras te escucho hablar sobre tus películas favoritas. No es justo para aquel extraño, usarlo como puente para llegar a tus recuerdos. Me levanto de la silla antes de que regrese a la mesa y, de la nada, escapo otra vez. Vivo de los momentos que colecciono de ti, de lo que forjamos juntos en esta ciudad. Hay días en los que el duelo se transforma en algo abrumador y entonces pierdo la respiración hasta que otro instante reaviva tu voz. Hojas muertas que se acumulan en el pavimento, me recuerdan que ha pasado un año y yo permanezco aislada de la vida que he puesto en pausa. Una tarde encuentro una caja con tus cartas, las fotos que tomaste y los libros que nunca pudiste regresar. En fragmentos evoco tu recuerdo y es como si volviera a vivir ese día perfecto.