
La soledad toma mi mano y me lleva hacia los lugares más oscuros de mi memoria, donde le gusta pasar el tiempo tocando las estruendosas teclas del pasado, pidiéndome la oportunidad para un nuevo baile de desconsuelo.Arrumbada, tarareo el sonido de su canción favorita, dándome un espacio para acostumbrar a mis extremidades a mantenerse de pie. Me siento aturdida por el unísono de mis latidos que evocan una desesperación por moverme, cada uno de mis dedos se arrastra compungido y logro ponerme de pie a la deriva de los brazos de la vida, esperando que no me suelte, que no me suelte jamás.
El tiempo es aterrador si se escucha de cada segundo, de cada momento, el minuto que se pierde.
Así es como se siente la melodía de un corazón a medida que va reduciendo su tiempo de palpitar. Se siente entre cálido y fuerte, algo como un suave cariño turbulento y apasionado, como un puente desconectado estancado entre el recuerdo y el ahora.