
Estoy aquí, porque aquí me dijeron que tenía que estar. Esa mujer de lentes gruesos y pelo teñido me dijo que debía de venir aquí a pedir informes. ¿Podría dármelos? He tenido un día horrible. Por favor, dígame qué tengo que hacer. ¿A dónde tengo que ir? Hace mucho calor. No, no traje papeles. No me dijeron que debía hacerlo. Al salir de casa solo tomé ese trago y luego vine aquí. Lo sé, lo sé. No, era ácido muriático. Se supone que mi esposo lo trajo para limpiar esa mancha asquerosa en la pared de la sala, pero no lo hizo y yo… ¿Podría decirme a dónde debo de ir ahora? No, no, nada. Solo era una ama de casa. Tres, tres hijos. Todos en la universidad. No, son buenos muchachos y solo iba a ser un trago. Una pequeña gota ¿Realmente necesita saber eso? Veintiséis años, fue una linda boda, mi padre aún vivía y bailó conmigo. Aún tengo el vestido y una gran foto en la sala de estar. Pero siempre que Juan, mi esposo, volteaba a verla, también miraba la mancha. Dijo que el ácido la quitaba, que no era necesario rascar la pintura. Que eso solo iba a ser puro pinche gasto; que debía de dejar de gastar el dinero que no teníamos y yo… La foto es hermosa. Estoy con él y ambos cortamos el pastel. Tenía el pelo negro. Ahora casi no tengo pelo ¿Podría decirme qué hacer ahora? Por el río, sí, por ahí… en el canal, mejor dicho, porque eso no es un río. Está todo puerco. Juan a veces va a tirar la basura a las orillas. «Mejor esto que pagarles a esas lacras», decía. Sí, ahí, a lado del baldío. No, no era nuestra. Espero que mi primo no lo corra. Se lo juro señorita, le juro que solo fue un traguito, unas gotitas. Una probada. Ni siquiera sé por qué quería probarlo. Tal vez quería ver si eso me limpiaba por dentro, no sé. Ojalá limpie la mancha. No quiero que la gente la vea cuando le lleven las velas y las flores. ¿Qué van a decir? Mejor que la limpie y todos vean la foto de mi boda. Una hermosa boda. No me lo acabé, así que debería de alcanzar con lo que quedó… ¿Por ese pasillo? Gracias, señorita.