El romancero andante

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Para Lau

 

Ahí voy de nuevo, listo para iniciar otro día, visitando y recorriendo ciudades de corazones, cual caballero andante, buscando aventura en cada ciudad a la que arribo. Sólo que no soy un caballero o un sujeto de tal parecer, soy un romántico, un romancero cuya vida es una antología de amores que va creciendo a través del tiempo.

Todo corazón es como una casa, llena de recuerdos, un refugio y un soporte, el lugar donde se reúne todo lo que se ama. Corazón al que quiero pasar, corazón al que toco primero la puerta, pues es de impositores querer entrar sin ser deseado.  Entrar, con la esperanza de ser aceptado por el tiempo, cuando el cariño o permiso es todo menos querido, es algo absurdo e irracional. Cada corazón, es un nuevo universo por conocer, una vida diferente y misteriosa, que solo puede descifrarse a través de las canas del padre tiempo. A pesar de eso, uno no estará totalmente consiente de todo lo que hay en aquel corazón, cosa que hace más exquisito el tiempo de estancia en aquel lugar.

Muchos dicen que el corazón indicado es eterno; que cuando se tiene, se debe de retener sin importar el costo; y que cuando se llega a perder, se vuelve un fracaso en el amor. Pero es todo lo contrario. El amor hacia un corazón evoluciona. Puede transformarse para bien o para mal, con la capacidad de alargarse si se quiere mejorar o de terminarse si el desgaste es mucho y la opción del fin es más sana. Esa vivencia puede perdurar como un dulce recuerdo, cosa que no lo convierte en un fracaso, sino en experiencia, que nos impulsa a mejorar en la siguiente relación. 

Parte de lo que digo es verdad o una simple creencia. No soy nadie para decir qué es el amor. Soy un romancero andante cuyo ideal es el amor, y como la alegría, es algo propio y el modo de vivirlo depende de cada uno. Todo amor y  toda felicidad dependerán del costo propio y de los demás para poder realizarse. El amor que se cobra de la felicidad de los demás no puede ser amor, es una falacia disfrazada de un perverso bienestar.

He tocado miles de casas de corazón. Algunos no me dejaron entrar, otros fueron vivienda de una noche, algunos una simple visita y los demás un hogar con una duradera y alegre estancia. Toco y toco las puertas de las casas de los corazones, toco y toco con ilusión el nuevo amor. Soy el romancero andante y espero que en la siguiente puerta pueda encontrar un nuevo hogar para disfrutar el calor del amor.

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