
Creo que pecamos de soberbios. Pienso que, si comprendemos más del universo, más peligrosos nos volvemos, cualquier manifestación de conocimiento es un arma de dos filos: podemos llegar a ser nuestro propio peligro como especie, y la mayor prueba de eso es la tecnología bélica y nuclear. Siento que lo que nos hace realmente grandes es reconocer nuestra insignificancia, lo pequeños que somos para el universo. Bien podríamos ser una causalidad, un banal accidente que por azares del destino evolucionó y se adaptó, pero muy pocos quieren pensar y cuestionarse sobre su existencia. Resulta más sencillo evadir el existencialismo con entretenimiento, redes sociales, interacciones virtuales. La vida es maravillosa, pero nuestra huella como especie es una aberración. Debemos actuar de manera más sustentable, y no de forma desmesurada y sin control. Acabó la pandemia y es como si nadie hubiera comprendido nada. A veces creo somos como un virus, un cáncer que destruye todo, y tenemos la misericordia que no merecemos. Considero que la madre naturaleza podría destruirnos antes de que nosotros nos destruyamos a nosotros mismos, y no lo hace; lanza un patógeno letal para detener nuestros estilos de vida, pero no lo suficientemente mortal como para acabarnos.
Creo que todos debemos aprender a ser conscientes de lo mucho que contaminamos, de la necesidad de reducir nuestro impacto ambiental, de la importancia de apreciar y cuidar cualquier forma de vida, y de reconocer nuestra insignificancia para el universo. Así podríamos ser más empáticos, mejores personas.
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