
Soñé que soñabas que estábamos despiertos.
Reposábamos sobre las fauces de la tierra.
De pie, mirándonos, habitamos la ausencia,
veníamos de la nada.
Caminaste movido por un impulso hiriente,
no querías morir solo.
Te atravesé el pecho,
jugué con el calor de tus entrañas.
Pediste que abrazara tus huesos.
Lo hice como nadie.
Te sentí transparente, ligero.
En un segundo
nos
convertíamos
en
agua.
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