
Distrofia
Por las noches pienso
en las probabilidades que hay
de que me corten la pierna.
Hace varios años
la uña de mi pulgar se esconde
tras calcetines vistosos;
a veces se me olvida que existe,
pero cuando el silencio nocturno
se vierte en siluetas y crujidos
mi pie comienza a zumbar,
se extiende un áspero hormigueo
lentamente
me quedo dormida
y por la mañana
mis temores vuelven
a meterse en los zapatos.
Vacío bucal o la extracción de las muelas del juicio
I.
No sabía de cuánta nostalgia me llenaría
el vacío que dejaron en mis encías;
es como extrañar esas prendas que,
guardadas en el último rincón del armario
sin ser usadas durante años,
una de pronto decide tirar.
(No puedo decir, certeramente,
que es una equivalencia total.)
Estas muelas se aferraban a mi carne
y mi carne se aferraba a ellas:
las veía abrazándose, fuertemente,
las unas a la otra
por medio del sonido que crujía.
Desprenderse de eso
que está tan dentro de nosotras
es saber que siempre quedará la marca
el recuerdo
la fractura
y las muelas,
guardadas en un cajón,
extrañando cuando una cáscara
se atoraba en su nacimiento.
II.
Me despierto con sangre en la boca
y mi lengua todavía no encuentra su lugar.
Nadie me dijo que esta mutilación
sería tan angustiosa.
Devuélvanme el tiempo preciso
para salir corriendo de esa sala
metálica y seca
donde rompieron mis nervios
en silencio y luz blanca.
Semblanza
Natalia Pedroza y Fernández (Ciudad de México, 1998). Estudiante de Lengua y literaturas hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Forma parte del colectivo de poesía “Simposiarquía XIX”.
Se abrazan a mi carne y mi carne se abraza a ella…