
Dentro de un universo pueden caber muchas cosas
que podrían pasar a segundo plano con el tiempo
o con la sola intención de echar la mirada hacia adelante.
La importancia se teje del mismo ovillo con el que trenzamos
la vida a cada minuto; sin saberlo, las circunstancias nos
empujan a otros sitios en los que encontramos una conexión impensable.
Podría ser que vamos en un cambio constante con el tiempo:
imperceptible, porque se da en cada segundo que vivimos.
Ni deteniéndose, uno podría ver con claridad cuánto ha
cambiado, con la sola intención de medir los cambios
todo se altera, no hay nada que medir.
Si las prioridades germinan a cada segundo,
¿no sería mejor hacer las cosas como si no hubiese
un día más y abolir las tediosas disquisiciones?
Apuntala cada sueño y lánzalo una
y otra vez hasta que caiga en su sitio de ubérrima gloria.
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