
En la calurosa noche espesa,
Sobre mi oído un mosquito reza.
Mi camiseta blanca, empapada
Se encuentra a mi pecho, espalda atada.
Un tímido malestar me despierta,
Es mi vejiga que se quiere abierta.
Es así que a mi sueño ahuyenta
Por lo que mi cuerpo se sienta.
En mi cama, en la orilla me tambaleo
Y con mi mano los objetos leo.
Soy una columna dormida
Una flor que se siente tímida,
Una varilla doblegada
Por el sueño y peso de la vida.
Voy arrastrando los pies sobre hielo,
Como pinceladas sobre el suelo.
Arribo al anhelado destino
atravesando el escabroso camino.
Una luz cegadora me recibe
Mientras que el espejo mi figura exhibe.
Me despojo de los líquidos sobrantes
Y lavo tranquilamente el jabón,
que en mis manos forma finos guantes,
para volver a la noche color carbón.
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