
Miramos tenues y cálidos focos del árbol
En el que aquel que no se deja amar colgó un lazo,
Nos vemos.
Lo objetivo es halógeno fuera de foco.
Hablamos de vida mientras la estamos viviendo,
Es un basurero —perros tiraron un bote—.
Puedo escuchar la labor de la humanidad:
En fractales que cortaron el pie de un amigo,
El posterior crujido de vidrio bajo escoba;
Sentir que ya me habían contado cierta historia
Del niño que le robó los dulces a Elegguá.
Suena de los gatos, jazz
Fondo, traté iluminarlos:
El parar su sufrimiento.
Todos los demás siguieron
Sufriendo la brillantez
Propia de la reticencia al dar una moneda.
Todas las fotos existen; y toda palabra
Tan solo roza el lamer del gato en tu dedo
Cada vez que siento entender absolutamente
Todo en Él, ser uno todos
U oír la canción de “Por el resto de tus días…”
Gotas de saliva sobre su cabello lacio
Cual rocío sobre telarañas nuevas —Indra—;
Sumergirse en el bochornoso líquido amniótico
De miles de manos desconocidas tocándome,
Pelear hasta dejar de sufrir al ceder mi
Cuerpo en retorno a la bocanada colectiva.
La suavidad pastel de un gatito envuelto en sábanas
Postorgasmo, petite mort.
Nuestro jazz de fondo peleaba, gemía, amaba
–Un samurai corta la música en versos–.
Cenefa caída en arabesco rococó,
Cortina de etéreo teselado hexagonal
Rosa, resquicio pequeño,
Hipercubo de argón:
Ánima en harén de jade;
Un viaje es todas las definiciones de salir.
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