
Parecían tiempos difíciles. Las ciudades dejaron de ser concurridas. A causa de una enfermedad letal todos nos cobijamos en nuestros espacios íntimos, en nuestros corazones, en el refugio de todo el universo: nuestras viviendas. El exterior dejó de importar, ya no era pelearse por un lugar en el bus, sino ahora nos preocupaba el lugarcito en el sillón para ver una serie.
El reencuentro con uno mismo que implicó este encierro me sirvió para entender que no había disfrutado mi vida como imaginé de niño. Me sentía sin rumbo, hasta que el algoritmo me llevó a su perfil de IG, y le escribí que ella parecía ser una fresca brisa del mar a las 3 pm, una fragancia de rosas violetas, y un rayito de sol en días nublados. Ella coincidió, me emocionaba recibir sus mensajes, que armáramos noche de películas online y largas llamadas telefónicas.
Al principio no sabía que compartía mi tiempo con una de las mejores mujeres que me he encontrado en la vida y eso exigió de mí algo que nunca pensé estar dispuesto a hacer: enamorarme. Hacer contacto con ella fue como un aro de luz que dio guía a mi vida, pues logré alejarme de ese hoyo negro en el que me encontraba.
Mucho puedo decir de nuestras aventuras: de cuando fuimos a nadar, de cuando despertamos y lo primero que hicimos fue abrazarnos y decirnos lo tierno que fue dormir juntos, de lo que nos daba risa como aquellos stickers que nos enviábamos en WA, de las cosas que nos molestaban como llegar tarde a las citas, de los planes que nunca hicimos como nuestra boda, o incluso de las veces que dejamos de querernos, como la última vez que nos vimos y nos despedimos para siempre.
Me enamoré por completo. Descubrí con ella la certeza, la emoción, la seguridad, el cariño, la magia de una voz que dice tu nombre, y abrazos que se sienten como una fogatita en pleno invierno. Y ahora creo que es verdad aquello que dicen, en realidad son las princesas quienes salvan a los príncipes en el cuento.
Lo que intento decirte, querida lectora, es que ella apareció cuando la ciudad estaba triste y ahora que la ciudad entera tiene una sonrisa, ella se fue. Parece ser que nosotros sólo pudimos existir en ese momento de calma que el universo le dio a esta especie, porque en la vida ajetreada no fuimos, no somos y no seremos.
Pero cuéntame, ¿cómo te va en esta ciudad después de todo?
21