La fotografía de Elena

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23:27 P.M. Parecía la hora exacta para contemplar el cielo con favorable silencio, la luna, la tranquilidad de dejar un día atrás y de cumplir un año más, llegar a los 27 años con tremenda paz es algo virtuoso, sin duda alguna. 

Elena, después de tres años de haberse mudado y alejado de todo lo que conocía y de todos a quienes amaba en su hogar y país de nacimiento, se encontraba nuevamente en casa de sus cariñosos padres, con motivo de la celebración de su cumpleaños.

Después de un ameno festejo y reencuentro, Elena se dejó caer sobre su antigua cama, enredándose en sus sábanas favoritas. Con pensamientos meditativos se colocó de tal forma que contempló su imagen, no en un reflejo de espejo, sino en una fotografía suya a los 15, un jovial retrato que, cuando ella solía habitar ese mismo espacio, pasaba desapercibido durante la monotonía de sus días. Al ver ese par de ojos tan oscuros como el café americano con el que tanto se deleitaba por la mañanas y esa media sonrisa, solo pudo pensar en todos los torbellinos con los que su agobiada mente solía cargar a esa edad. Recordó cada lágrima de ansiedad que llegó a derramar sobre aquellas mismas sábanas que esa noche no hacían más que cobijarla. Contempló su diminuta habitación que años atrás había sido el escenario en el que dejaba salir sus miedos, representados por tristezas y agobios sobre el irreparable pasado y el inevitable porvenir. Le dijo a aquel retrato, como si estuviera entablando una auténtica conversación con aquella chiquilla de tierno y afligido rostro: «Ya pasó, estamos bien, todos esos monstruos y sombras con los que antes cargábamos ya no nos acompañan más. Ellos simplemente un día ya no volvieron a visitarnos» . 

 

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