
Resplandecen las sanguinarias flamas
de los secos recuerdos.
Asoman sus manos flacas y largas,
salen sus dedos densos;
telaraña de recuerdos y escarcha.
Lloro y huyo de las letras tentadas,
de los quejidos lentos.
Mis esperanzas muertas y amalgamas,
ellas siguieron camino
hacia la senda turbia y enlutada.
Camposanto; llano, tierra dentada:
la flor reverdeciendo
en medio de una terrible folganza;
crueles colores ciervo,
no soporté su tiránica danza.
Peor que lirio de memoria alzada
son los recuerdos ciegos:
se alejaron en tropel, cual parvada,
ya nunca volví a verlos;
solo quedó el terror, temblor y nada.
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