
Se lo dije al tendero,
a mi madre, a mi perro.
Se lo dije a los gatos
y las plantas.
Estoy bien.
Se lo dije a todos, pero nadie parece creerlo.
La mueca en forma de ancla
que se dibuja en mi boca
hunde la farsa.
¿Pueden notarlo?
Regué las plantas
con lágrimas secas.
Me preguntaron –¿estás bien?
—¡claro!, es el sol, que reseca mis ojos.
Pagué en la tienda con las ilusiones que tenía ahorradas
y el tendero preguntó –¿estás bien?
—Claro, esta crisis que no acaba.
Lavé los trastes con el llanto de aquel día.
Mi madre preguntó –¿estás bien?
—Solo trato de ahorrar agua.
El perro
me vio abrazar una caja de zapatos
y preguntó –¿estás bien?
—¡claro!, es que me da nostalgia mirarla tan chiquita.
Los gatos,
por compromiso, me preguntaron –¿estás bien?
—¡claro!, es el mal tiempo que no se va.
Estoy bien.
Estoy bien.
Estoy bien.
¿Cuántas veces tengo que decirlo?
Es el fango de mis ojos,
es el tiempo que no caduca.
Es el aire que asfixia.
Son las semillas húmedas
que brotan de mis ojos.
Estoy bien.
Es el mal tiempo
Es la vida.
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