
Cristina Rivera, en una entrevista, narraba que entre las razones de su escritura sobresalía no sentirse cómoda con el mundo en el que vivía. Ella expresó que escribe como resultado de tener que explicarse a sí misma el enigma que era el mundo; por tanto, asume que la escritura es una práctica crítica que afecta la forma en que percibimos y actuamos sobre el mundo, conformando acción directa. Comencé a escribir un diario terapéutico como complemento a la terapia psicológica. No es un ejercicio diario, pero intento que sea una práctica constante. Ahí escribo, en desorden y en fragmentos, todo aquello que tengo que explicarme a mí misma.
Gloría Anzaldúa, en Una Carta a Escritoras Tercermundistas, señaló que el peligro de escribir radica en no fundir nuestra experiencia personal y nuestra perspectiva del mundo con la realidad social en que vivimos. En mi diario observé que refería al cuidado: al cuidado propio; al cuidado hacia mi familia; al cuidado hacia mi novia; al cuidado hacia mis amigues; a los cuidados que recibía de mis redes; al cuidado de mis plantas; al cuidado de mi hogar; al cuidado hacia la comunidad; y al cuidado del mundo.
The Care Collective, en El Manifiesto de los Cuidados, apunta que el cuidado refiere a nuestra capacidad individual y colectiva de proporcionar actividades, prácticas y condiciones políticas, sociales, materiales, simbólicas, afectivas y emocionales que permitan que todas las formas de vida, en conjunto con el propio mundo-mundos, tengan lo necesario para el bienestar y la prosperidad en cada momento y etapa. En mi diario reconocía que, a las mujeres y a los cuerpos feminizados, a través de la división sexual del trabajo, se nos ha atribuido la responsabilidad primordial del trabajo reproductivo, doméstico, de crianza y de cuidado, sin embargo, este trabajo se invisibiliza, no se reconoce y no recibe remuneración.
Silvia Federici, en Reencantar el Mundo, habla sobre el papel central que han tenido las mujeres y los cuerpos feminizados al visibilizar el carácter político y el valor social del trabajo reproductivo. Esto no significa esencializar o naturalizar este trabajo como tareas feminizadas, por el contrario, se intenta desmantelar la arquitectura generizada para reconstruir realidades donde todas las personas sostienen y reproducen el cuidado. En mi diario, sueño con mundo-mundos donde los cuidados están al centro porque entendemos que, dado que todes hemos sido cuidades y todes hemos cuidado o cuidáremos, los cuidados son lo que sostiene la vida. Al escribir sobre ese sueño, siendo la escritura una acción directa, creamos esbozos de ese mundo.