Ofrenda

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A él,

y a todos,

mis amigos dormidos.

 

Me llenó de emoción saber que vendrías a vernos. Nav y yo llenamos la casa de flores con semanas de anticipación. Ojalá te hayan gustado todos los arreglos y los colores con los cuales te dimos la bienvenida, a ti y a todos nuestros amigos dormidos. Bien sabes que Nav no es fanático de las decoraciones en esta época del año, pero con mucho trabajo logré convencerlo para que me ayudase con las manualidades. En la mesa de la ofrenda te dejamos tus cigarros y la cerveza que tanto te gustaba tomar los fines de semana. Ojalá hayas podido venir a bailar, disfrutar de la comida y los dulces, y poder retomar conversaciones con todos los demás que andan allá contigo.

Anoche tuvimos una hermosa velada. Hablamos de ti casi todo el tiempo; recordamos la primera obra que escribimos entre los tres, todas las noches largas de fiesta y las pláticas que se terminaban con los rayos del sol sobre nuestras espaldas. Al encender las velas, Nav no pudo contener las lágrimas; lo abracé y por fin noté que toda su tristeza había desaparecido, y ahora, en su lugar, había lágrimas de felicidad y de calma. Me dijo que mis ojos se miraban con más calma; parecidos a cuando apenas nos habíamos conocido, gracias a ti, que nos presentaste repentinamente. Espero que hayas tenido un hermoso día con nosotros, con tus familiares y amigos; que la comida y la bebida no te hayan faltado, y que tu estadía haya estado repleta de amor y remembranzas.

Cuídanos como lo has hecho desde siempre. No nos dejes solos; en especial ahora, ya que no han sido los mejores días. En algún otro momento podremos platicar junto a la luna sobre las cosas que nos acontecen; ahora no es el momento y no hay que bajar la cabeza. Fue un día hermoso. Tus fotografías no solo están en la ofrenda, sino en cada rincón de la casa. El estudio de Nav está repleto de tu rostro, de tus textos, de tus discos. No pienses en ningún momento que te hemos olvidado. Sigues siendo el brillo de nuestras mañanas y la calma de todas nuestras noches. Todos los días agradezco al cielo, a los dioses, a cualquier fuerza mayor a la mía, el haber tenido el gusto de conocerte.

Te mando un beso al cielo, querido amigo. Nos vemos el siguiente año. Salúdame a todos por allá, y diles que acá estamos bien, que aún seguimos sonriendo cuando todos ya se han ido a dormir.

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