Diario de la enajenación

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Abril 15

Daniel huele a humedad y pay de calabaza. Es alto, de cabello negro y ojos oscuros. Lo conocí esta tarde en el Parque de la Ciutadella, mi sitio favorito en Barcelona. Se acercó a preguntarme la hora, pero el libro que tenía en mis manos llamó su atención.

Es mi favorito dijo señalando mi ejemplar de La Sombra del Viento.

Me lo regalaron hace poco.

Después de un rato, nos citamos para el día siguiente.

Abril 30

Nos encontramos siempre en el mismo lugar. Hablamos tanto que perdí la cuenta de todo lo que sé sobre él. Como todas las personas que no saben qué hacer con su vida, Daniel quiere ser escritor. Lleva consigo una pluma que le perteneció a Victor Hugo, o eso le dijo el hombre que se la vendió.

Le conté a mi padre sobre él. Dijo que parece sacado de un libro.

Mayo 15

Es mi cumpleaños. Daniel me citó en el Puente del Bisbe. Comimos pastel de fresa, soplé las velas y pedí un deseo. Después caminamos hasta el Ateneo Barcelonés. Me preguntó si he estado enamorada. Dije que solo una vez. Antes de llegar a mi casa se detuvo y me besó.

Sus labios sabían a papel.

Mayo 16

Leí toda la tarde. Había pasado tanto tiempo con Dani los últimos días, que había olvidado por completo el libro.

Mayo 17

Quise decirle que por fin terminé. Fui al parque, bebí dos cafés, pero nunca llegó.

Mayo 23

Hoy tampoco. Ya son siete días.

Junio 20

Recorrí toda Barcelona, pero no hay rastro de él. Es como si no existiera.

Paso las madrugadas tratando de averiguar algo. Pienso una y otra vez en la tarde en que nos conocimos.

Julio 15

Regreso a diario al parque esperando que aparezca. Espero unas horas. Lloro un poco antes de irme. La rutina es la misma, todas las tardes.

Así pasan los días,

y las semanas

se convierten en meses.

Dibujo su rostro esperando que algún trazo cobre vida y me devuelva lo que perdí. Escuché a mi padre hablar con el doctor. «No sé qué hacer, cada día está peor», dijo.

Julio 20

Abrí el libro esperando que, al hacerlo, Daniel regresara. Intento encontrarlo en las calles y en las páginas; intento encontrarlo cada noche cuando el reloj marca las dos y el silencio de la madrugada entra en mi cabeza y no quiere salir.

Julio 30

El reloj avanza.

            Mi padre no te encuentra.

Dice que no existes.

Le ruego

todos los días,

                        pero no lo logra.

 

            Dijo que estás encerrado

                        (no le creo)

en las páginas de aquel libro

            (pero yo te he visto)

 

            El loco dice

            que no te puedo sacar de ahí.

            Y lloro,

                        grito.

            ¿Existes?

            El loco dijo

                        que la loca

            soy yo.

 

Agosto 28

Te sigo buscando.

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