
Si hemos de ser justos
el poeta solo tiene un destino: el sufrimiento.
No habría que indagar mucho para comprobar esto.
Desde Catulo, despechado por Claudia, hasta Sabina
maldiciendo la suerte de ser un trovador famoso,
la historia colma a los poetas de desgracias.
Entonces… ¿Cómo un hombre o una mujer
ceden ante tal masoquismo? Poco puedo decir sobre esto, aún más
sabiendo que mi futuro como un artífice de la palabra
se ha diluido entre el polvo del tiempo; meditando
sobre la supervivencia de los poetas y su quehacer lírico.
Paradoja poética
En la poesía no hay final feliz.
Los poetas acaban viviendo su locura.
José Emilio Pacheco.
Al momento de escribir esto
(que alguien ha llamado versos)
voy ciego y no atino las palabras correctas
(¿existen las palabras precisas?).
Si quiero decir: “El tiempo cierra su ojo”,
en realidad, he querido decir algo que no me explico
y, sin embargo, aquellas palabras algo dicen
o algo intentan decir,
(tal vez muy en el fondo)
por un instante esas palabras serán de otros
y tal vez a alguien puedan servirle,
tal vez ni siquiera sean mis palabras
aquello que dije y hoy prefiero no decir.
Misterio poético
Busco, entre el silencio y el vacío,
la palabra exacta que engendre mi reflejo,
la frase solitaria sobre el paisaje en ruinas,
aquella oscura sílaba que arda en la página.
Prófugo de mí, ellas escapan, corren, se ocultan,
danzan en el cielo su propia muerte.
Expulsadas del Edén caen en la tierra,
donde los mortales las devoran con sus fauces.
¿Podré hundir mi mano y rescatarlas?
Adivinanzas poéticas
Muerden los versos,
como fieras hambrientas
sangran la página,
dejando tan solo huesos
de un inhábil poeta.
Abrazando el aíre,
entre los pétalos de la rosa,
un arcoíris solitario
zumba frente a la luz,
deteniéndose en el instante
bajo la mirada del cielo:
el colibrí.
Es un castillo de inagotables diamantes.
Formas, imágenes, eternidades,
palabra de arena danzante:
el diccionario.
Cayendo entre las nubes,
descubren geografías y mares,
dulces sonidos inventan,
pintando el día de oro:
los pájaros.