
Una fénix me enseñó
que no hay algo como un Yo,
pues ardemos en las brasas
y en las brisas de la vida.
Ayer fui uno que hoy no,
ensueño de algún cantor,
fotos en una casa,
un recuerdo que agoniza.
Tengo claro que
mi Yo es frágil,
padece,
nada me pertenece.
Poco puedo decir,
mejor preguntar:
¿Algo es mío?
¿El frío?
¿El beso que me regalaron?
Quizá el verso de mi delirio…
o la víscera que desgarrada
pronuncia estas palabras.
Mañana otro verá esto,
lo borrará o lo amará,
otro yo que escriba también.
Totalmente otro.
Otro totalmente.
Lo acepto porque nada me pertenece,
solo yo puedo escribir esto
por ahora,
solo esto.
Solo yo aquí soy.
Por hoy.