Cuerpo contra cuerpo, Margo Glantz

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Con las manos se pinta, se borda, se corta, se sostienen las cosas, se golpea, se muele, se martilla, se cocina, se enhebra, se deshila, se degüella, se flagela, se mendiga, se hila fino; actos todos que Sor Juana describe en su poesía, actos concretos, válidos en sí mismos en su utilidad y su gestualidad primarias o utilizados como metáforas de gradaciones y sutilezas muy diversas; actos manuales, actos mecánicos, en apariencia simples pero organizados siguiendo reglas específicas que exigen una gran sabiduría y destreza para convertirse en un arte o artes diversas, configuradas como artes marciales, de jardinería, de cetrería, de gastronomía, de caligrafía, relojería, contaduría, costura o tejido. Como bien sabemos, la caligrafía es una práctica manual también dominada por un conjunto de reglas y de gestos precisos, colocan a quien la practica -o la practicaba- en la posición de escribir o por lo menos de dibujar: alguien, por ejemplo, sor Juana, sentado frente a una mesa, toma la pluma, la afila y la introduce en el tintero antes de trazar con esmero caracteres diversos, para convertirlos en las palabras de un poema o en las de un mensaje o en amabas cosas a la vez. El trazo de esas palabras es tan elaborado como las labores de mano que tanto apreciaba el contador Pedro Muñoz Castro, amigo y, en cierta forma, defensor de la jerónima; en efecto, la caligrafía de sor Juana destaca sobre la de las demás monjas de su convento. La prueba, el documento notarial reproducido en el libro que Rodríguez Garrido escribió sobre la polémica alrededor de la publicación de la Atenagórica por el obispo de Santa Cruz. Documento burocrático donde nuestra Décima Musa estampa en su calidad de contadora del convento de San Jerónimo su firma cuidadosa, precisa, elegante, cuyos rasgos perfectamente delineados contrastan con la caligrafía torpe, débil, rudimentaria o inexistente de sus compañeras de claustro; debajo, la firma de su admirador, el escribano que en unos versos le da la mano: “De escribano a contadora, / la mano de diestra a diestra, / él con su fe y su esperanza, / ella con razón y…”.

Fragmento de “Las curiosas manos de una monja jerónima”, incluido en Cuerpo contra cuerpo, nueva edición de los ensayos de Margo Glantz a cargo de Ana Negri (Sexto piso, 2020).

Foto: Daniel Mordszinski

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