Poema

“de un costado del hombre nace el día”

− Octavio Paz

Volver a los ombligos

con el puño ensangrentado

de tocar tanta puerta, tanto espejo.

Volver a la desilusión

con el ombligo abierto

y esperar a que te acoja como casa

que allí adento ocurra la detonación,

la casa convertida en universo.

Una sola estrella cabe

en la esquinita del ombligo que se abre al mundo

que se abre a la palabra

deseándose intacto a todo aquello

intacto inclusive al habitante

que es todo lo otro, es decir

nada en específico, el mundo, lo creado.

Y desde allí

desde el boquete infinito del ombligo

llorar el espanto, la fisura.

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