La perra

perra

Mi cuerpo tirita, la fiebre no para, la hemorragia no cede. No sé qué me pasa, mi carne estropeada, trozada, desgarrada, purpúrea, muerta, ensangrentada. 

Colegir sobre vida, lo que soy, lo que fui. Me entregaría, o no sé, tal vez, lo haré. Sólo sé que un día voy a ceder. A la perra. ¡A la perra! ¡La perra que siempre acecha!

¡Ah! ¡Cómo recuerdo! ¡De mi vida un calvario! Después de la muerte de mi madre, mi padre y yo quedamos solos, Dios se había llevado a mamá y papá se había sumido en la más deplorable tristeza. Eso nos llevó a la pobreza. Mi infancia es tan vaga que no recuerdo nada.

Un día papá me golpeó a más no poder. Descubrió que me masturbaba mientras lo miraba. Me abofeteó y me azotó con un cinturón. Ahí fue la primera vez que vi sangre correr de mí, escurría de mis labios. Una dulce impresión tuve de mí, entendí que de mí brotaba un ardiente líquido rojo que me teñía. Fue hermoso.  

Después de que mi padre me moliera a golpes, él me abandonó. Me refugié en las calles, ganando el favor de los señores. Algunos eran bruscos, otros poco más violentos, estos últimos eran los de mi agrado, a los que me entregué como su esclavo. ¡Oh! ¡Qué delicia! Los dulces azotes en mi piel.  

Nuevos caminos del éxtasis me fueron revelados al subir la intensidad de la violencia. Los golpes y las pequeñas hemorragias ya no me eran suficientes. ¡La perra me gruñía y me ladraba! ¡No se callaba! ¡Ya no la soporto!

¡La perra lo pedía! Una noche no me dejó dormir. ¡Sabía que algún día me lo iba a pedir! Así que se lo di. Hice un torniquete por encima de la rodilla y comencé a cortar con un serrucho. ¡Oh! ¡Ah! ¡Cómo florecía mi cuerpo con la sangre que salpicaba el lugar! El éxtasis sobrepasaba al dolor de las hojas destrozando mi carne y mis huesos.    

La intensidad fue subiendo, ya había perdido parte de mi cuerpo. Pero no bastaba, ¡la abstinencia me carcomía y la perra no dormía! Comencé por rebanarme, desportillarme y arrancarme. Eso calmaba mi ansia ¡Pero la perra no perdía! ¡Lo pedía! ¡Lo pedía! ¡Pedía su hueso! Y lo pedía ahora.

Semblanza

Mi nombre es Oscar Uriel Urban Aalnis. Soy un joven chilango de 27 años, estudiante de la carrera de sociología en la UNAM, interesado en los estudios de la subjetividad del ser humano, de los procesos inconscientes que moldean nuestra realidad y nuestra experiencia de ella.

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