Pies

pies

La palabra pie (plural pies) proviene del latín pes/pedis. De incontables aspectos, es la única parte del cuerpo que ejerce de mula, haciendo una representación perfectamente irónica del pueblo y el estado, manteniendo al cuerpo estable sin reconocimiento alguno. 

Dicen algunos filósofos (cuyos nombres ha olvidado la historia) que los campesinos viven más felices debido a la conexión que existe entre la tierra y los pies. Algunos otros afirman que entre las sensaciones más placenteras que puede experimentar el ser humano a lo largo de su vida (inclusive por encima del orgasmo) está la de sentir la tierra mojada entre los dedos de los pies después de una noche lluviosa.

Entre algunas de las facultades más asombrosas de esta parte del cuerpo está la capacidad de estropear la estética del mismo conforme se le utiliza, formando callos amarillentos alrededor de su planta, con olores mortíferos y repugnantes. 

De ser desatendida la higiene básica de los pies se puede empezar a formar un ecosistema bajo las uñas del individuo (varios ciudadanos de distintas sociedades confirman estos hechos).

Médicos afirman que es la parte más útil del organismo debido a su alta funcionalidad cuando se escapa de una relación amorosa, de alguna plática con los suegros o peor aún, de una madre encolerizada.

Como muchas otras partes del cuerpo, los pies comienzan a volverse desagradables conforme avanza la edad. Es por ello que las personas mayores prefieren ocultar sus terroríficas uñas tras el cuero de los zapatos, mientras que los niños pequeños desconocen las palabras “calcetines” y “zapatos” hasta ya pasada la adolescencia .

Al utilizar los tan afamados zapatos, es muy importante conocer su peso y talla. Para algunos líderes políticos, entre mayor sea el zapato mayor es la ofensa, aunque hijos latinoamericanos afirman que no importa tanto la talla sino la puntería y la fuerza con la que se lance.

Semblanza

José Emilio Gómez Vázquez

Nací dando un grito un 27 de julio de 2004, en el bullicio del DF. Mi infancia fue y es (por que para mí yo nunca dejé de ser niño) alegre. Aprendí que me gustaba leer por una coincidencia, y que me gustaba escribir por otra todavía mayor. Le doy gracias a la vida por presentarme a Galeano, un futbolero como yo y escritor como me gustaría ser, por demostrarme que se puede ser ambas cosas sin necesidad de ocultarlo; a J.K. Rowling, por enseñarme a redescubrir un libro más de diez veces; y a Arthur Conan Doyle, por darme noches de suspenso cuando más las necesitaba.

Soy un parlanchín sin remedio, con corazón enamoradizo y amiguero hasta el hueso. Me fascina el mar y me encanta el frío. Atesoro a los amigos. Soy un mentiroso compulsivo, aunque prefiero llamarlo un “cuenta cuentos ” con estilo.

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