El universo es redondo

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Cuando tenía dieciséis años, mi psicóloga me preguntó dónde sentía que estaba el centro de mi universo. Me explicó que es importante tener un lugar definido al que podamos volver cuando todo afuera sea demasiado turbulento. He visitado a varios psicólogos desde entonces, y me he dado cuenta de que no es muy habitual que den consulta en la sala de su casa como lo hacía ella. Tal vez el centro de su universo estaba ahí. Yo me entretenía en las sesiones mirando los platos decorativos que colgaban en las paredes, la fruta plástica sobre su mesa. Se sentía como un intercambio silencioso.

En ese momento, le respondí que mi universo no tenía ningún centro, pero estaba equivocada. Creo que nuestros caóticos universos internos inevitablemente tienen un centro. El universo tiende a ir en círculos, en patrones perfectos: la vía láctea, el sistema solar. Todos los planetas orbitan el sol y las lunas danzan en torno a sus astros. Las personas existimos también en esa naturaleza cíclica. Lo he visto en la curiosa gravedad que nos lleva a encontrarnos una y otra vez. Bailamos alrededor de otros, alrededor de las ideas que nos interesan, de las que nos incomodan; bailamos alrededor de la verdad deseando no tener que enfrentarla nunca, pero al final siempre volvemos a ella.

Los meses pasaron hasta dar la vuelta, las estaciones se persiguieron una a otra en su propio círculo. La naturaleza es redonda. Los engranes del reloj mecánico giraron, hace miles de años el reloj de sol le mostró su rostro de piedra al cielo. El tiempo es redondo. Me acosté afuera para ver las estrellas, que descendieron hasta tocar las puntas de mis dedos. Al girar formé nuevas galaxias, en donde alguien como yo está naciendo y alguien como yo está muriendo. El universo es redondo. Cuando yo lo abandone, su centro seguirá en el mismo sitio, pero me llevaré conmigo mi universo, uno que tomó millones de años luz crear.

Me escribí una carta, y antes de firmarla puse, recuerda que siempre estoy aquí. Puede que aún no alcance a entender la inmensidad que habita dentro de cada persona. Por ahora tengo una teoría: todos somos el centro de nuestros universos. Somos la puerta entre el universo externo y el interno, igualmente incognoscibles y desgarradores. Somos una colección de estrellas, de historias, de momentos. Si me lo preguntara de nuevo, le diría simplemente: yo soy el centro de mi universo. Estoy completa.

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