Eres tú

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A todos nos ocurren cosas que no deseamos y, en diversas situaciones, nos dedicamos a huir de esa tempestad emocional. Cuántos nos hemos preguntado «¿por qué me pasa esto?» o sentimos que colapsamos. Si en este punto elegimos no enfrentar lo que pasa, la vida misma se encargará de ponernos en ese umbral, aunque en diferente circunstancia. 

Esperamos que cada día sea mejor, pero normalmente solo es eso, un anhelo. Evadimos la mirada introspectiva y sin ella no podemos aceptarnos y querernos, menos aun trabajar en lo que nos negamos a buscar dentro de uno mismo. Lo que más tememos está en nosotros, lo que más deseamos también. 

Captemos la idea de que somos seres privilegiados. Sintamos ganas de ser el universo (único y en expansión), después, podremos dejar de ir en dirección contraria a los tropiezos o problemas, pues a éstos, hay que mirarlos de frente. Ahora obsérvate y date el tiempo para abrirte a ti mismo. No temas estar solo, más adelante comprenderás que esa será tu mejor etapa. 

Enfócate en reconocer qué te hace ser quien eres: tus talentos e ideas, objetivos y, por supuesto, tu oscuridad. Sí, hay oscuridad en ti. Por ello puedes estar seguro de que llevas luz, esa luz que buscas desesperadamente en otras personas o en otros lugares. Contémplate y expulsa de tu interior todo aquello que te nuble, consigue equilibrio entre la oscuridad y lo luminoso. Una vez aquí, cerciórate de que otros no consuman tu luz, tu energía. No hay problema en brindarla a quien la necesite, pero no intentes resolver cuestiones ajenas; no se trata de restarte luz, sino de ser guía y alumbrar el camino de aceptación y renovación para que esas personas puedan brillar por sí mismas.

Recuerda que la armonía fluye de ti hacia afuera, que no puedes ofrecer lo que no tienes, que no se trata de esperar a que todo esté en su lugar para encontrar la paz, sino que debes conseguir estar en paz y todo encontrará su lugar, pues habrás aceptado tu lugar en el universo. Reclámate como tu propio centro de luz, permítete crecer y fluir, que tu brillo sea el resplandor más generoso y puedas disfrutar de compartirlo sin que se agote. 

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