Capítulo 1. 1990

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Él quiso quemarme.
Me alejó de mi familia.
Desde ese momento no tuve ninguna paz.
Todo pasó tan rápido que no me di cuenta.
Esto se convirtió en un vagar.
Las ramas, al pisarlas, generaban un sonido similar al de huesos quebrándose por un alto impacto.
Escapando siempre de ser una víctima del desamor e incapaz de asumir el abandono y mis responsabilidades.
Recorro a diario el jardín de esqueletos, unos son metafóricos, otros literales.

Seguí así por la vereda cubierta de hiedra, escuché su melodía al rozar mi cuerpo contra ella.
Caminé hasta encontrar un sitio donde pudiera ser quien en verdad era.
Y un día llegué a aquel páramo,
sentí como si supiera, de una manera incomprensible, que había llegado a donde debería de estar.
Confieso que al comienzo tuve una presión que me atormentaba sin piedad sobre el sentimiento de culpa que siempre me acompañó, que todo aquello que había hecho no era lo correcto.

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