Pájaro de hielo

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—Esta noche nevará —dijo el anciano sentado junto al fogón

Lo miramos con incredulidad. 

—¿Cómo lo sabe? —pregunté. 

—Ahí, miren —respondió señalando la copa del pino más alto.

Un pájaro pequeño y oscuro estaba postrado en una de las ramas.

—Es un pájaro de hielo —sostuvo. Solo aparecen cuando cae nevada, lástima por los cultivos. 

El ave emitía un suave canto, similar al de un clarinete; lo observamos un largo rato hasta que voló fuera de nuestra vista. El viento del norte soplaba fuerte moviendo las copas de los árboles, la neblina comenzó a tragarse al bosque de a poco. Esa noche dormimos todos arrumbados, cubiertos por capas de colchas que apenas mitigaban el frío, que se abría paso entre las tablas de pino que recubrían la cabaña. En la chimenea la madera tiritaba mientras se consumía el fuego que nos calentaba.

Por la mañana una escarcha recubría el suelo y el platinado de los árboles daba al bosque una apariencia de ensoñación perpetua. Con cada exhalación una nube de vaho se formaba de nuestra boca. Entre los abetos congelados un pájaro auguraba el clima.

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