Tu llegada

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Llegué a la Central de Autobuses de Puebla con una maleta voluminosa llena de mis pertenencias. Por primera vez viajaba solo. Era nada más una escapada de una noche y, además, en temporada baja.

Llegué a la ciudad al mediodía, así que recorrí las calles del Centro Histórico. Fui a comer antes de hacer el check-in en el hotel; creo que fue uno de los mejores moles que he probado en mi vida.

Lo había planeado todo para disfrutar mi estancia. Admito que lo hice, porque según las predicciones para el 2020 de mi signo, recomendaban tomar un viaje solo para despejar la mente y, como ahorré dinero suficiente, la idea no me pareció tan mala.

Recorrí las catedrales, los fuertes, sus museos; compré artesanías y dulces típicos para regalarle a la familia. Pese a ser temporada baja, todo me pareció vibrante. Soy algo reticente en eso de la astrología, pero creí que por una vez le habían atinado y que ese viaje fue algo realmente catártico.

Durante mi estancia en Puebla, ignoré tu presencia, que de forma sigilosa se volvía cada vez más latente. Al día siguiente, sin duda alguna, ya estabas aquí. 

Aparentemente no había perturbación alguna en el ambiente. Pero no había duda, viniste a cambiar no solo mis planes sino, también, los de los demás.

Salí a desayunar. Aunque la gente tenía el mismo ánimo que el día anterior, pude comprobar que había algo turbio en sus semblantes. Era obvio. Ellos también se percataron de tu llegada. La comida tenía un sabor diferente. Lo pude notar. Fue gracias a ti.

Era momento de dejar el hotel. Pedí un taxi para me dejará en la central de autobuses. Justo antes de dejar la habitación, empecé a llorar, pero ¿por qué? No entendía. ¿Tanto me costaba decirle adiós a Puebla?

Ha pasado un año y ahora me doy cuenta de mi llanto de aquel día. Tras tu llegada, me quedó claro que ése sería el último viaje que haría solo, ya que cambiaste las cosas sin ninguna consideración. Pero reconozco que aprendí de ti: a mirar hacia adentro, a ser más cauteloso, a entender que la vida trae sorpresas. Sé que te quedarás aquí para largo y ya me acostumbré a tu presencia, al igual que el resto del mundo.

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