Un camino hacia la libertad

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Debes aspirar a sonar alegre, muy fuerte y rápida; esta es la razón de tu creación y no debes negarte a tu destino.

Estas creencias me fueron inculcadas una y otra vez por mis padres; ambos destacados artistas y filántropos. De hecho, hasta el día de su último concierto los vi seguir estas máximas. Como mis padres solían decir: la vida se trata de formar el binomio intérprete-heraldo, donde siempre procures transmitir energía a tu audiencia.

Es verdad que sus enseñanzas me han llevado a una vida destacada. He conocido a muchos seres que me contaron sus más íntimos sentimientos y yo, en agradecimiento a su confianza, lo traduje a mi idioma. De hecho, gracias a las destacadas actuaciones que he tenido y a la magia de mi naturaleza, recientemente un ser me adoptó. Hasta que llegué a sus manos no me había percatado de que nunca me habían escuchado, de que en todas las ocasiones que me hablaban, yo era la única en hacer caso a sus sensaciones y jamás ellos a las mías. Hasta que hoy, contrario a lo que ya estaba acostumbrada, le conté mi vida y, con ella mis sentimientos; por lo que, ulteriormente, se encargó de contarme una historia, pero no era una historia más de él, en esta ocasión me estaba contando algo que se parecía a mis propias reminiscencias, pero como nunca las había percibido. Al final de su cátedra, cerró con una frase de la cual mantengo la esencia; iba algo así como: canta y llora guitarra por mí, tal vez no sepas cómo hacerlo porque nunca te enseñaron, pero si traduces lo que siento como siempre lo haces, estoy seguro de que podrás expresarlo. De esta forma, él me enseñó que se puede viajar a nuestro interior para cuestionar las creencias que ya tenemos y, si así lo deseamos, resignificar la forma en que vemos a la vida.

Usualmente quedo extasiada al ver el impacto que sus palabras, a través de mi canto, tienen sobre los demás. Sin embargo hoy, después de nuestra presentación —posterior a la enseñanza que el lector ya conoce— he quedado asombrada. Es la primera vez que aprecio el silencio que se genera cuando mis cuerdas vibran una tras otra; además, descubrí que sonar alegre, muy fuerte y rápida no es la única forma en que puedo cantar y estoy dispuesta a repetir esa desobediencia. A fin de cuentas, esto también es formar el binomio intérprete-heraldo, pero a mi estilo.

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