Bosque

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Mito petrificado, escribo la lengua de un sátiro.

Al igual que aquella figura, 

la esencia de mis palabras va desnuda.

Los dioses se recostaron para darnos vino, paz, misterio y sombra;

se transfiguraron en respiro para los mortales.

El alma bosqueja los siglos.

El alma, voz que jadea en los hilos de Ariadna.

El alma, voz, queja, expresión verduzca y melancólica de la tierra.

Inhalar antiquísimas arboledas,

las raíces son mi república, lo sagrado y santo.

En los caminos de cortezas no hay paso que no sea profano.

Las frondosas copas son bebidas por la mente entregada, mítica.

Enciclopédicas deidades arborícolas limpian el viento de terrenales pesares,

con la elegancia y el misterio que son otorgados por los padres del tiempo y lo arcano.

Bosque, origen del mito, el nervio de las narrativas primitivas del humano.

Bosque, río y fuego de esas historias que se secan, que se apagan con él, 

con nosotros.

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