Estaciones

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He vivido en este bosque desde su inicio, cuando no era más que pequeños retoños abriéndose paso entre la tierra, y antes de que las aves y las ardillas se instalaran en su vastedad. Los vi crecer, multiplicarse y dominar el territorio, cubriendo de verde hasta donde la vista lo permitía. 

Hoy solo camino entre esos robustos árboles, evitando las nudosas raíces que podrían ser una trampa mortal para el intruso que se atreviera a profanarlo con su presencia, y observo con orgullo cómo el techo de hojas evita que la tormenta me golpee directamente, únicamente un poco de rocío llena el aire y se queda en mis pestañas. 

Una hoja aterriza en mi cara y observo horrorizado su color, naranja como los ocasos del otoño. La lozanía desaparece en un parpadeo y en la palma de mi mano queda solo la arruga de lo que una vez fue vida. Alzo la mirada, soy testigo de cómo el follaje se vuelve rojo, naranja y amarillo. Ha parado de llover, pero el aire se llena de hojas que han decidido dejarse vencer por su peso y encontrar el consuelo de la tierra. 

Pronto me encuentro con las hojas hasta los talones, pieles arrugadas por el paso del tiempo que dejan ver un esqueleto café que cruje bajo mis pies. Conforme las ramas y las copas de los árboles se desnudan, un viento gélido llena mi bosque, caigo de rodillas mientras me abrazo con desesperación. Todo a mi alrededor muere, no puedo evitarlo y siento cómo una pequeña llama en mi interior parpadea, amenazando con apagarse. 

Cierro los ojos y recuerdo que me quedé en este bosque por el esfuerzo que requirió cultivarlo y las promesas que el viento murmuraba mientras corría entre los árboles. ¿Por qué todo se marchitó?

Abro los ojos, mi cuerpo aún cubierto de nieve, siento la piel al punto de la congelación, pero concentro toda mi voluntad en una pequeña flor amarilla que se abre paso entre la crueldad del invierno para decir: «Seguimos vivos». Me levanto con el acopio de mis últimas fuerzas, me sacudo la nieve que comienza a derretirse a mi alrededor y camino con pasos inseguros, sintiendo una vez más la tierra en las plantas de mis pies y la primavera volviendo poco a poco para cubrir todo a mi alrededor. 

Este es mi bosque, que me demuestra una vez más que no puedo detener sus cambios; habrá estaciones más largas que otras, más oscuras o brillantes, con días largos y cielos nublados. Tratar de detener sus cambios sería la actitud de un necio, solo me queda evolucionar con él.

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