
Caí sobre las hojas crujientes de otoño. Extendí los brazos mirando al cielo y recordé aquella noche en el bosque, cuando la luz de la luna nos envolvió y atestiguó nuestro turbulento canto.
Entonces, sonreí, porque donde sea que estés recordarás que una noche, una eterna noche, mi amor fue tuyo y tu amor fue mío.
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