Última medianoche

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—¿Qué serías capaz de hacer por amor a mí?—, me preguntaste aquella tarde de verano. Me tomaste desprevenido, pero jamás dudé de la respuesta:

—Mataría por ti, si así me lo pidieras. 

Aquella pregunta voló con el tiempo y se desvaneció como una botella de vino en agosto.

Para diciembre, un día antes de nuestra boda, todo se fue a la ruina. Aun puedo recordar cuando me viste con las manos llenas de sangre, pero amor, son las mismas manos con las que alguna vez te sostuve. 

—Necesito un lugar para esconderme—, fue lo único que alcancé a decirte. No lo dudaste ni un momento y me hiciste una maleta. Estábamos parados junto a la puerta de la entrada, mirándonos a los ojos. Depositaste un beso en mis labios y me entregaste una sonrisa como promesa. El sonido de las sirenas se hizo presente, ya es momento de marcharme. Corro a través de los suburbios. Veo las luces intermitentes de las patrullas y un bosque. Elijo el camino lleno de arbustos y altos pinos para correr sin ser descubierto. Me pregunto si me dejarías entrar de nuevo si mi cara apareciera en las noticias y no tuviera un lugar a dónde huir. Entonces me doy cuenta, si en verdad me amaras, no me dejarías solo a la deriva con una pequeña maleta de mano corriendo a través del bosque. Decido volver a casa. Al tocar la puerta sales, pero no me reconoces. 

—Sólo tengo algo que explicarte, déjame entrar por favor. 

La luna me dice que es medianoche y decido tomar tus manos con las mismas que usé para matar a alguien por ti. Echo un vistazo hacia dentro de la casa y puedo ver todas las rosas que hubiéramos usado el día siguiente como decoración en nuestra boda. Tienes que entender que al que maté fue a mí mismo cuando cambié todo lo que solía ser por ti. Hice lo que me indicaste, seguí al pie de la letra cada uno de los pasos y ahora no me reconoces.

Y entonces caí en cuenta de que siempre fuiste tú, que aquellas rosas no eran para una boda. Me adentro en nuestra casa y veo mi propio cuerpo amortajado, reposando justo al centro de la sala de estar, y a mi madre llorando. Nada pasó como lo imaginé, todo parece tan simple. No, no estoy fuera del bosque, estaré aquí por siempre.

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