Una vez vi un bosque

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Una vez vi un bosque, era como los de las fotografías de mi abuelo. Su aroma a humedad, su frescura, me hizo sentir alivio, quería regocijarme en las raíces de uno de sus árboles pues parecían brazos que salían de la tierra para abrazar.

El sol no era tan brusco con ellos como con nosotros, cositas verdes colgaban de sus ramas, proyectaban un excelente refugio y se movían con tal delicadeza que incitaban a dormir allí, bajo su sombra.

Quisimos entrar, pero no nos dejaron. Al parecer, era el último que quedaba.

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