Todo se ha ido para ella

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Ve a su alrededor sin poder reconocer el lugar; las cosas ya no tienen nombre, ni hablar de las personas.

Aunque le digamos “tía”, y el trato que le damos demuestre que la conocemos y le tenemos afecto, ella simplemente no nos recuerda.

Todo se ha ido para ella.

 

No se casó ni tuvo hijos. Se aferra al recuerdo de sus padres y pregunta por sus hermanos, todos muertos ya. 

Sólo le queda su hermana, mi abuela materna, la única a quien reconoce.

 

Es curioso cómo funciona la mente, qué retiene y qué deja ir. A veces, quizá, influye el azar. Pero en este caso, me parece claro que fue una elección del corazón.

 

Qué más da olvidar más de treinta sobrinos. Lo esencial es el núcleo familiar, el verdadero hogar, el de la infancia.

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Comentarios (1)

Me recuerda a “La tía Chona”, de J. Sabines. Pero creo que tu texto merece profundidad.

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