
Me ha pasado que encuentro gente
que siento que conozco, que en algún lugar
he visto, también me he encontrado
con almas que reconozco, como de otras vidas.
Alguna vez reconocí mi piel en otra piel
y creí que eso era amor.
En este andar, ya me había encontrado con tus
ojos, pero no sabía que era tan bello el reflejo
que me regresaban,
mucho menos sabía que mi sonrisa
y mis caderas inspiraban suspiros extraviados.
Pero tus rebuscadas palabras, tus ojitos cafés
y tu inesperada aparición en la entrada de mi casa,
derrumbaron mil creencias, mis pocos
ideales y las decenas de miedos.
¿Dónde estuviste todo este tiempo?
Me tomé mi tiempo para poder
aceptar el reflejo que me regresaba el espejo;
para poder aceptar que en otras bocas
aprendí el valor de la lealtad
y lo efímero de la verdad.
Que en otros brazos reconstruí mi moral
y mi libertad.
En ese largo andar me volví
digna de mí y de mi amor.
Yo andaba buscándome entre mentiras,
llantos y desasosiegos,
pero me encontré en el dolor
de mi historia y en el valor de contarla.
Ahora, ya me vas a contar:
¿Dónde demonios estuviste todo este tiempo?